Una frase común entre padres o cuidadores hacia sus hijos es: “Siempre estaré aquí para ti.”
Pero ¿qué significa realmente “estar ahí” para tu hijo, especialmente si ha vivido el trauma del abuso, el abandono, la negligencia u otras situaciones difíciles dentro de su familia?
Estar presentes físicamente suele ser más fácil y natural, pero nuestros hijos también necesitan que estemos ahí para ellos emocionalmente. Una de las maneras más importantes de hacerlo es siendo padres o cuidadores emocionalmente presentes.
Te damos la bienvenida a nuestra nueva serie, Crianza intencional: tu presencia emocional. Si estás criando o cuidando a un niño que ha vivido experiencias traumáticas, esta serie de 13 artículos te ofrece ideas prácticas, orientación e inspiración para acompañarlo mientras crece y se convierte en la persona que Dios quiere que sea.
En este primer artículo, explicaremos qué es la presencia emocional, cuáles son sus beneficios tanto para ti, como padre o cuidador, como para tu hijo, y tres maneras de cultivar esta habilidad tan importante en casa.
3 maneras de demostrar presencia emocional
La presencia emocional es más que empatía; implica participar activamente en la vida de nuestros hijos y brindarles apoyo emocional. Si te preguntas cómo estar emocionalmente presente como padre o cuidador, aquí tienes tres maneras de hacerlo.
1. Practica estar atento.
Como padres, tenemos la responsabilidad de ayudar a nuestros hijos a navegar una variedad de emociones. Sin embargo, ser un padre atento implica tomarnos el tiempo para notar cómo responde nuestro hijo —y cómo respondemos nosotros mismos— ante situaciones desafiantes.
Puedes hacerlo de las siguientes maneras:
- Presta atención a tus sensaciones físicas. Por ejemplo, opresión en el pecho, respiración superficial, etc. Toma medidas intencionales para regularte, como respirar profundamente antes de interactuar.
- Observa el tono de voz y el lenguaje corporal de tu hijo. Fíjate en los cambios sutiles que pueden indicar que algo no está bien, como evitar el contacto visual. Cuando notes algo, no lo ignores; intenta describirlo con palabras, por ejemplo: “Parecías nervioso hace un momento”.
- Nombra tus emociones sin juzgarlas. Está bien decir cosas como “estoy nervioso” o “tengo miedo”. Parte de ser consciente es reconocer y nombrar esas emociones que nos hacen sentir vulnerables.
2. Cultiva la sintonía emocional.
Para estar en sintonía con tu hijo, necesitas comprender profundamente cómo se siente, de manera que pueda sentirse seguro, validado y escuchado.
La sintonía emocional puede verse así:
- Escucha con total atención. No escuches para responder ni para refutar, sino únicamente para comprender. Esfuérzate por repetir lo que crees haber escuchado. Por ejemplo: “Entonces, entendí que te sentiste enojado cuando llegué tarde a tu actividad”.
- Utiliza la técnica de reflejo. Si tu hijo está sentado, siéntate o arrodíllate a su nivel. Si habla en voz baja, haz lo mismo. El objetivo es comunicar sintonía a través de tu voz y tu lenguaje corporal: “Estoy contigo”. No es necesario elevarte emocionalmente con él. Puedes decir: “Me cuesta escucharte cuando gritas”. Luego, cuando se calme, puedes retomar el reflejo.
- Siente con tu hijo, no por él. A veces, sin darnos cuenta, desviamos la atención de las emociones de nuestro hijo hacia las nuestras. Mantente calmado y centrado, cuidando tu compostura, para que tu hijo no sienta que ahora debe hacerse cargo de tus emociones.
3. Demuestra aceptación.
Cuando tu hijo está herido, es fácil querer que su dolor desaparezca de inmediato. Pero la presencia emocional implica aceptar dónde está tu hijo ahora, no dónde te gustaría que estuviera.
Esto puede verse así:
- Permite que tu hijo exprese tristeza, enojo o miedo de forma segura. Dile: “Está bien sentir enojo”, en lugar de “no te enojes”.
- Resiste el impulso de distraerlo, minimizar lo que siente o intentar “animarlo” inmediatamente. Aprende a sostener las emociones incómodas. Puedes decir: “Quedémonos aquí un momento”.
- Usa tu presencia física y emocional (hablar, orar y ofrecer contacto físico cuando sea apropiado) para brindar consuelo, acercándote a tu hijo en lugar de alejarte de él.
CONCLUSIÓN CLAVE
Ser emocionalmente presente ayuda a que nuestros hijos se sientan seguros. Puedes fomentar la seguridad emocional en casa practicando la atención, cultivando la sintonía emocional y demostrando aceptación hacia las emociones de tu hijo.
PREGUNTAS PARA APLICAR
- ¿Cómo puedo “estar ahí” emocionalmente para mi hijo y demostrar presencia emocional?
- ¿Cómo se ha visto afectado mi hijo por la ausencia de adultos emocionalmente presentes?
ACTIVIDAD
Identificar y expresar emociones puede ser difícil para los niños. Jugar un juego como emoción-ES puede ayudarlos a identificar lo que sienten y a aprender el plan de Dios para llevar sus cargas. Encuentra este juego y muchos más en la colección de actividades Momentos Cotidianos™.
VERSÍCULO CLAVE
“Los consolaré allí, en Jerusalén, como una madre consuela a su hijo.” ~Isaías 66:13 (NTV)
ORACIÓN
Padre celestial, ayúdame a llevar mis emociones a ti en oración y a estar siempre presente para las necesidades emocionales de mi hijo, así como tú estás presente para nosotros. En el nombre de Jesús, amén.