Navegar los efectos a largo plazo del abuso y el abandono en tu hijo puede sentirse abrumador para cualquier padre, madre o cuidador.
Tantas preguntas pasan por tu mente. Preguntas como:
- ¿Cómo pudo pasarle esto a mi hijo?
- ¿Qué hago ahora?
- ¿Algún día mi hijo estará realmente bien?
Si eres un cuidador familiar o un padre de crianza temporal, es posible que también te estés haciendo preguntas como estas:
- ¿Qué vivió mi hijo antes de llegar a mi cuidado?
- ¿De qué manera su trauma pasado está moldeando hoy su comportamiento y sus relaciones?
- ¿Cómo puedo apoyar su sanidad si no estuve presente cuando ocurrió el daño?
- ¿Algún día mi hijo se sentirá seguro, protegido y completo?
Y, mientras tanto, estás cuidando a un niño cuyo sistema nervioso está reaccionando con respuestas de lucha, huida, congelamiento o sumisión (como complacer a otros), muchas veces sin contar con suficiente orientación para saber cómo responder.
En la Parte 11 de nuestra Serie sobre resiliencia, queremos ayudarte a comprender mejor los efectos del abuso y del abandono y ofrecerte ideas prácticas sobre cómo puedes acompañar a tu hijo a sanar, superar y aplicar la poderosa esperanza de la Palabra de Dios en su vida.
Efectos del abuso
El abuso infantil es un acto cometido por un padre, madre o cuidador que provoca, o coloca a un niño en riesgo de, un daño grave. Existen varios tipos de abuso, incluidos el físico, el emocional y el sexual.
- Físico: Cualquier uso de fuerza física que cause una lesión, como golpear, abofetear o dar puñetazos.
- Emocional: Comportamientos que dañan la salud emocional, la autoestima o el sentido de valor de un niño; esto incluye insultos, amenazas, humillaciones, rechazo, avergonzarlo o una falta constante de disponibilidad emocional.
- Sexual: Cualquier acto o contacto sexual, intentado o consumado, con un niño, como tocamientos, penetración o exponer al niño a actos o materiales de contenido sexual.
Abusar de un niño física, emocional o sexualmente envía un mensaje profundo: “Soy malo” o “No merezco amor”. Este mensaje puede internalizarse y, con el tiempo, moldear cómo el niño se ve a sí mismo y a los demás. Sin apoyo para sanar, algunos niños pueden comenzar a vivir de maneras que reflejen estas creencias. Pueden elegir amistades (y más adelante, parejas) que los maltraten, o incluso pueden convertirse ellos mismos en abusadores.
Los efectos del abuso incluyen una serie de desafíos conductuales, emocionales y relacionales. Los niños que han experimentado abuso pueden luchar con tristeza, ansiedad o sentimientos de vergüenza.
Algunos pueden comportarse de forma agresiva, repitiendo lo que vivieron, o volverse más tolerantes al maltrato de otros, teniendo a veces dificultad para recibir amor. El trauma también puede afectar el desarrollo, llevando a comportamientos regresivos como mojar la cama o chuparse el dedo incluso durante la adolescencia.
Efectos del abandono
El abandono infantil ocurre cuando un padre, madre o cuidador deja de proveer cuidado y apoyo, dejando al niño sin protección o supervisión. Se considera una forma más extrema de negligencia porque el adulto ha renunciado a sus responsabilidades y deja de mantener una relación con el niño. En muchos casos, también puede haber implicaciones legales para el padre o cuidador que abandona a un niño.
A continuación presentamos dos formas principales de abandono que afectan profundamente a un niño:
- Abandono físico: Esta forma de maltrato implica dejar a un niño solo o en un ambiente inseguro, o no proveer sus necesidades básicas. También puede incluir dejar a un niño con un amigo, familiar o cuidador sin ofrecer —o sin intentar ofrecer— apoyo económico o cualquier otro tipo de apoyo necesario.
- Abandono emocional: El abandono emocional puede ocurrir de varias maneras. Por ejemplo, cuando un padre no mantiene un contacto significativo y constante con su hijo o participa mínimamente en su vida. También puede incluir apoyo emocional inconsistente o ausente, poco afecto, escaso cuidado o retener deliberadamente cariño y atención.
Los efectos del abandono en un niño son profundamente impactantes. Abandonar a un niño, física o emocionalmente, puede dejarlo sintiéndose rechazado, inseguro o dudando de su valor y de su seguridad.
Los niños con estas experiencias pueden mostrar una angustia significativa ante la separación, como llanto, crisis emocionales intensas o miedo a ser dejados en la escuela o la guardería. También pueden experimentar pesadillas, dificultades para dormir o temor a estar solos por la noche.
En el ámbito social, pueden aislarse de sus compañeros por miedo a ser rechazados. Algunos niños pueden mostrar miedos extremos hacia los adultos, mientras que otros se vuelven excesivamente confiados o dependientes, buscando la tranquilidad de que no serán dejados nuevamente.
Estos niños también pueden “poner a prueba” tu amor y tu fidelidad a través de crisis emocionales, comportamientos desafiantes o agresividad, como una forma de buscar seguridad. Esto refleja su intento de comprender si los adultos en su vida son verdaderamente seguros, confiables y comprometidos.
Esperanza real y duradera
Los efectos del abuso y del abandono pueden ser graves y extenderse por muchos años. El proceso de sanidad a menudo requiere tiempo, apoyo terapéutico y reconstruir el sentido de seguridad de tu hijo.
Aun así, existe una esperanza real y duradera en Cristo, una esperanza que se convierte en ancla para el alma y para el corazón herido de un niño en crisis.
Dios es redentor y restaurador. Él conoció a tu hijo antes de que naciera, cuando lo entretejía en el vientre de su madre, y Él desea darle un futuro lleno de esperanza.
Mientras acompañas a tu hijo en su camino de sanidad y recuperación, sé intencional al sembrar las promesas de la Palabra de Dios durante tus momentos cotidianos: en casa, de camino a la escuela, al asistir a los servicios de la iglesia, al compartir historias bíblicas, al cocinar, limpiar y jugar juntos.
Conclusión clave
El abuso y el abandono pueden afectar el desarrollo mental, físico y emocional de los niños. Sin embargo, un cuidador amoroso y constante puede ayudar a reconstruir su sentido de seguridad y recordarles la esperanza real y duradera de la Palabra de Dios y Su poder para sanar.
Actividad
Los paseos en auto y los momentos en la marcha pueden ser excelentes oportunidades para enseñar técnicas simples de autorregulación. Un juego sencillo como Respira y cree puede enseñarles a los niños herramientas que podrán usar cuando se sientan abrumados.
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Preguntas para aplicar
- ¿De qué maneras el abuso y el abandono han afectado a mi hijo?
- A partir de hoy, ¿cómo puedo ayudar a restaurar la esperanza y la sanidad en mi hijo usando la poderosa Palabra de Dios?
Versículo clave
El SEÑOR está cerca de los que tienen quebrantado el corazón; él rescata a los de espíritu destrozado.
Oración
Padre celestial, tú eres el restaurador y el redentor. Nada es imposible para ti. Sana lo que está roto, restaura lo que se ha perdido y redime a nuestro hijo. En el poderoso nombre de Jesús, amén.