Dicen que “el hogar es donde está el corazón”.
Pero para muchos niños, el hogar ha sido un lugar marcado por un dolor profundo. Conflictos familiares, el abandono de uno de los padres, el abuso en sus distintas formas, la negligencia y la vergüenza han formado parte de su experiencia.
Cuando esa es la primera vivencia de un lugar que, según el diseño de Dios, debía ser cálido y amoroso, el resultado puede ser confuso, frustrante y profundamente doloroso para un niño.
Por eso, como padres o cuidadores, es tan importante crear seguridad emocional de manera intencional en nuestros hogares. Así, por medio de la esperanza que encontramos en Cristo, el hogar puede ser restaurado y tu hijo puede comenzar a dar pasos en su proceso de sanidad.
Sigue leyendo para aprender cómo cultivar seguridad emocional de forma intencional en casa.
Este es el artículo 6 de nuestra serie de 13 partes, Crianza intencional: tu presencia emocional. ¿Quieres comenzar la serie desde el principio? Haz clic aquí para leer el primer artículo.
Existen diversas estrategias que puedes usar para cultivar seguridad emocional en niños que han vivido experiencias traumáticas. A continuación, compartimos cuatro que son especialmente útiles y fáciles de poner en práctica.
1. Crea previsibilidad y estructura.
Establece rutinas y una estructura constante para tu hijo. Cuando los niños saben qué esperar, su sistema nervioso se calma y se sienten más seguros. Puedes intentar lo siguiente:
Mantener rutinas como las comidas y la hora de acostarse lo más estables posible.
Preparar a tu hijo con anticipación para cambios y transiciones (por ejemplo, avisarle cinco minutos antes o explicarle que hoy papá lo recogerá en lugar de mamá).
Usar horarios visuales o listas sencillas para llevar un registro de quehaceres, tareas y fechas de entrega de proyectos.
Compartir con tu hijo qué sucederá después, por ejemplo: “Después de cenar, vamos a ordenar y luego leeremos juntos”.
2. Usa una comunicación emocionalmente segura.
La comunicación segura ayuda a reorganizar el cerebro de tu hijo y a fortalecer su autoestima. Siempre que sea posible:
Usa un tono de voz calmado y firme, incluso cuando necesites corregir a tu hijo.
Valida primero los sentimientos de tu hijo antes de abordar su comportamiento (por ejemplo: “Está bien sentirse enojado, pero no está permitido golpear a otras personas”).
Evita el uso de sarcasmo, amenazas o lenguaje que avergüence.
Ofrece opciones para darle a tu hijo una sensación de control (por ejemplo: “¿Prefieres guardar tus juguetes o hacer tu cama primero?”).
Colócate a su nivel físico, utiliza contacto visual y un toque suave, cuando sea apropiado.
3. Crea espacios físicos que transmitan seguridad.
Los espacios físicos seguros ayudan a que los niños se sientan bienvenidos y valorados. Considera crear alguno de los siguientes:
Un rincón acogedor, con cojines, mantas y luz suave, al que tu hijo pueda acudir cuando se sienta sobreestimulado.
Una canasta sensorial, con objetos manipulables, pelotas antiestrés o elementos con peso, que le ayuden a regular su sistema nervioso.
Un espacio tranquilo, donde pueda ir a regularse, no como castigo, sino como un lugar de consuelo y calma.
4. Construye ritmos de paz.
Los niños que han vivido experiencias traumáticas necesitan vivencias repetidas de calma para poder salir del modo de “lucha o huida”. Intenta incorporar a la rutina diaria:
- Momentos de oración y reflexión en la esperanza que encontramos en la Palabra de Dios, junto a tu hijo.
- Tiempo al aire libre para que tu hijo pueda simplemente jugar y disfrutar de ser niño (¡y tú también!), mientras comparten ese momento juntos.
- Rituales predecibles (por ejemplo, noche de película los viernes, panqueques los domingos antes de la iglesia, o bailes después de la escuela).
Los niños que han vivido trauma no solo necesitan un hogar seguro; necesitan un hogar que se sienta seguro. Crear espacios y rituales seguros puede restaurar el hogar como un lugar donde tu hijo aprende a respirar, confiar y pertenecer.
CONCLUSIÓN CLAVE
Muchos niños han vivido experiencias traumáticas en sus hogares. Rutinas sencillas y constantes, junto con prácticas intencionales, pueden transformar tu hogar en un refugio y un lugar de sanidad.
PREGUNTAS PARA APLICAR
- ¿Qué experiencias tempranas en el hogar pudieron haber contribuido al trauma de mi hijo?
- ¿Cómo puedo ayudar a mi hijo a sanar y a reescribir su historia en relación con el hogar?
ACTIVIDAD
En medio del caos y la confusión, a veces podemos sentir que no pertenecemos o que no importamos. Jugar un juego como Era muy bueno ayuda a recordarle a tu hijo que fue creado con un propósito. Encuentra este juego y muchos más en la colección de actividades Momentos Cotidianos™.
VERSÍCULO CLAVE
“El corazón que trama el mal está lleno de engaño; ¡el corazón que procura la paz rebosa de alegría!”
ORACIÓN
Oh, Dios, tú nunca me has dejado ni me has abandonado. Ayúdame a crear espacios de seguridad emocional en mi hogar que le recuerden a mi hijo que es amado, tal como tú lo creaste y lo amas. En Cristo oro. Amén.