Si alguna vez has visitado un lugar como la ciudad de Nueva York, sabes lo abrumador que puede ser estar en medio de una gran ciudad, con luces brillantes, sirenas a todo volumen y multitudes de personas, sin importar hacia dónde mires.
Es mucho para procesar.
Esa misma sensación de saturación es la que puede experimentar tu hijo cuando atraviesa una sobrecarga sensorial. Puede ocurrir en el supermercado, en el salón de clases, en una reunión familiar, en la iglesia o incluso en casa durante las rutinas diarias. Cuando no se atiende, la sobrecarga sensorial puede hacer que tu hijo se sienta impotente, desorientado, sin control y sin saber qué hacer.
Este es el artículo #3 de una serie de 8 partes titulada Crianza compasiva. Si no leíste el primer artículo, puedes volver atrás y leerlo aquí.
¿Qué es la sobrecarga sensorial en los niños?
La sobrecarga sensorial en un niño ocurre cuando su cerebro recibe más estímulos de los que puede procesar. Los niños que han experimentado trauma tienen un umbral más bajo para sentirse abrumados, ya que sus cerebros son más sensibles a factores de estrés percibidos que pueden activar el modo de supervivencia.
Asimismo, los niños que enfrentan ansiedad o dificultades en el procesamiento sensorial pueden llegar a un estado de sobreestimulación de forma rápida e inesperada. Y, al igual que las luces brillantes de una gran ciudad, esa sensación de saturación puede tomarles por sorpresa.
La sobreestimulación ocurre cuando el sistema nervioso de un niño recibe más estímulos de los que puede procesar simultáneamente. Esto puede provenir de demandas sensoriales, ambientales o emocionales, como:
- Ruidos fuertes.
- Espacios concurridos.
- Luces brillantes.
- Contacto físico inesperado o no deseado.
¿Cómo puedes saber si tu hijo está sobreestimulado?
Al principio, puede ser difícil saber si tu hijo está sobreestimulado. Esto se debe a que la mayoría de los niños no pueden decirte lo que les está pasando; simplemente no tienen el vocabulario para expresarlo.
Con práctica y sintonía emocional, puedes comenzar a asumir el rol de un “detective”, observando los patrones y señales que indican que tu hijo se está abrumando.
Algunas señales comunes de sobreestimulación en los niños pueden incluir:
- Taparse los oídos o los ojos para bloquear parte del ruido o los estímulos.
- Tener una crisis emocional o desconectarse para proteger su cerebro.
- Volverse irritable, más dependiente o inquieto, y retroceder a comportamientos de etapas anteriores.
- Huir o esconderse en un intento subconsciente de mantenerse a salvo.
Estos comportamientos no son una desobediencia intencional, sino señales de que el cerebro y el cuerpo de tu hijo están luchando por procesar lo que sucede a su alrededor.
Dios creó a cada niño de manera única (Salmos 139:14) y sus respuestas pueden reflejar esa individualidad.
Cómo calmar un cerebro sobreestimulado
Los niños que han experimentado trauma pueden sentirse abrumados más rápidamente porque sus sistemas nerviosos trabajan de forma constante para garantizar su seguridad.
No siempre puedes prevenir la sobrecarga sensorial, pero sí puedes convertirte en un lugar de refugio (Salmos 46:1) para tu hijo.
Aquí tienes cinco maneras sencillas de ayudar a calmar un cerebro sobreestimulado:
- Reduce los posibles estímulos. Atenúa las luces, baja el volumen de los televisores o dispositivos, permite que tu hijo salga a tomar aire o considera ofrecerle audífonos o una manta con peso para mayor comodidad.
- Crea un rincón de calma. Un espacio suave y tranquilo, preparado con antelación, puede convertirse en un refugio para el sistema nervioso de tu hijo. Este es un lugar de descanso y recuperación, no de castigo.
- Usa técnicas simples de anclaje corporal. Herramientas sencillas, como ofrecerle un vaso de agua, sostenerlo y mecerlo (si es apropiado para su edad), o practicar respiraciones profundas, pueden ayudar a calmarlo.
- Mantente en calma y regulado. Da instrucciones breves y sencillas, utiliza un tono de voz tranquilo y suave, muévete con delicadeza y habla sobre lo ocurrido después, no en el momento.
- Establece rutinas predecibles. Las rutinas ayudan a prevenir “sorpresas” sensoriales. Comunica con anticipación a tu hijo los cambios en los horarios y las rutinas.
CONCLUSIÓN CLAVE
Al reconocer las señales de sobreestimulación, reducir los factores de estrés y responder con calma y constancia, ayudas a tu hijo a regularse en el momento y a desarrollar su capacidad para manejar situaciones más complejas en el futuro.
ACTIVIDAD
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PREGUNTAS PARA APLICAR
- ¿Qué provoca que mi hijo experimente sobrecarga sensorial?
- ¿Cómo puedo ayudar a calmar el cerebro de mi hijo cuando está sobreestimulado?
VERSÍCULO CLAVE
El Señor dice: «Te guiaré por el mejor sendero para tu vida; te aconsejaré y velaré por ti. ~Salmo 32:8 (NTV)
ORACIÓN
Señor, dame Tu calma cuando el mundo se sienta demasiado ruidoso. Dame paciencia cuando las reacciones de mi hijo sean más intensas de lo que esperaba. En el nombre de Jesús, amén.